Mitos y realidades del ASI
- Las niñas y los niños no pueden inventar algo que no conocen o no han vivido. Cualquier revelación abuso por parte de un niño o niña es una señal de alarma que debe ser atendida e investigada.
En el primer instante es clave escuchar sin interrumpirles, mostrar apoyo incondicional, asegurarles protección, no reaccionar dramáticamente ni prometer el secreto y en el caso de hacer preguntas, que sean mínimas y abiertas, del tipo “me gustaría que me cuentes más” o “¿qué pasó después?”. - El Abuso Sexual no es culpa de la niña o el niño. El abuso es un acto de poder y violencia, no una respuesta a la conducta de la víctima. Las personas que abusan son las únicas responsables.
- Los abusos sexuales no son comunes, pasan en muy contadas ocasiones.
- La realidad es que no existe un único perfil psicológico del abusador sexual. Pueden pertenecer a cualquier nivel socioeconómico, profesión, género o edad. Suelen pertenecer al entorno de la víctima y pueden parecer incluso amables y respetables en sus comunidades.
- La realidad es que no son tan fáciles de detectar ni revelar. Los niños y niñas pueden tener dificultades para comprender lo que está sucediendo debido a su edad. A la vez, el secreto, construido mediante la seducción, el engaño o la amenaza, es el poderoso pegamento que une en muchos casos a abusados y abusadores.
- Las manifestaciones del trauma varían enormemente, ya que cada niño procesa el dolor de manera diferente. Algunos pueden mostrar síntomas inmediatamente, otros pueden reprimirlos o manifestarlos mucho después. La realidad es que la gravedad de los efectos depende de muchos factores, como la frecuencia, el grado de parentesco o la intensidad.
- La educación es la herramienta de prevención más eficaz. Hablar con los niños y niñas de manera adaptada a su edad sobre los «secretos malos», los límites de su cuerpo y en quién pueden confiar favorece que: puedan poner límites, identifiquen situaciones peligrosas y lo revelen si ya ha sucedido.
- La realidad es que el abuso sexual puede ocurrir en todos los tipos de estructura familiar. Se trata de un problema que afecta a todos los niveles socioeconómicos, culturales y educativos.
- La realidad es que seis de cada diez abusadores son conocidos en distinto grado por los niños y niñas y forman parte de sus entornos de confianza.
- El abuso sexual infantil no solo es penetración. Incluye cualquier actividad sexual abusiva como tocamientos, exhibicionismo e incluso producirse a través de internet con graves consecuencias. Además, en casos de penetración suele existir una preparación progresiva por parte del agresor que incluiría juegos sin contacto, tocamientos o masturbaciones previas.
- Intentar manejar el abuso solo en el ámbito familiar puede llevar a la negación, la culpabilización de la víctima, el encubrimiento del agresor y, lo más grave, a la revictimización del niño o niña. La incorporación de profesionales es imprescindible para una verdadera sanación y justicia.